Trabajo de investigación en equipo FIPED

La misteriosa paternidad de José Martí en New York

Por Yamil Díaz Gómez


Si Martí y Miyares, ambos casados, tuvieron que ocultar sus amores, el prójimo de hoy debe ponerse a la altura de ese dolor.

Según un médico que analizó los rasgos antropométricos del revolucionario cubano y su ahijada, María Mantilla, ésta sería su hija biológica. ¿Es posible afirmar esto sin un ADN?

¡Cuántos dolores se juntan en torno al nacimiento de María Mantilla!: el de una dama que conoció a su gran amor cuando tenía tres hijos y los matrimonios eran hasta la muerte; el de un padre que huye tras un bautismo; el de un esposo al que Martí parece retratar en este apunte:

Oh qué prueba!—Qué deliquios en el alma de un hombre que se cree padre de un hijo, qué sentir, cuando lo oye balbucear, que le corren riachuelos de plata por el corazón—qué parecerle cuando vuelve a su lado que reclina la cabeza en almohada de plumas!—y en el instante que sabe que aquella hija no es suya—aquella misma voz, presencia, mirada, golpe de la manecita en la mejilla y de los piececitos en la alfombrita no alumbran su corazón, ya no desarrugan su ceño, ya no ablandan la expresión de su faz y son las mismas que antes eran: qué nervio lo explica.

¿Qué nervio explica este estremecimiento de sus vidas?

El Martí romántico se revela en este capítulo. Para entenderlo en su amarga circunstancia hay que enfrentar el tema sin tapujos. Si Martí y Carmen Miyares, ambos casados, tuvieron que ocultar sus amores, cercados por las moralidades decimonónicas, el prójimo de hoy debe ponerse a la altura de aquel dolor, de aquel amor, de aquella verdad trágica.

Acta de Nacimiento en Brooklyn NY de Maria Mantilla
Acta de defusion de Manuel Mantilla

María Mantilla es hija del Apóstol. Pero no porque ella lo proclame en una carta de 1935 o en otra de 1959 ni porque su hijo, el actor César Romero, lo repitiese en entrevistas; ni porque, en la hora de su muerte, los familiares la nombraran en los obituarios como "María Martí"; ni porque de ello estuviesen convencidos Gonzalo de Quesada y Aróstegui (el secretario del Delegado) y Gonzalo de Quesada y Miranda (alguien que conservó durante varias décadas la papelería martiana). No porque lo hayan dicho autores como Marinello, José Miguel Oviedo o Nydia Sarabia. María Mantilla es hija del Apóstol porque lo afirman con terquedad admirable los ojos, los labios, el pelo, las manos, las orejas y la frente de María, en armónico coro con los ojos, los labios, el pelo, las manos, las orejas o la frente de José Martí.

Además de su ahijada, fue su hija biológica. Ningún científico lo afirmará mientras no lo confirme una prueba de ADN; pero ¿de qué otro modo se explica una coincidencia de un 74,3 por ciento de rasgos antropométricos entre ambos, certificada en una prueba pericial de alta fiabilidad? Estas cuartillas no se escriben a partir de una impresión subjetiva, sino desde un estudio científicamente validado y jurídicamente respaldado por el Tribunal Supremo de mi país.

Aquello que puede dilucidarse en terrenos científicos no debe permanecer en el pantano de la especulación. Y he aquí que el antropólogo y médico cubano Ercilio Vento Canosa aplicó al caso su Prueba Morfológica Antropológica:

"Cuando se impugna una cierta paternidad, o en el caso en que un ciudadano desea confirmarla. […] es el resultado de 32 años de mi experiencia profesional. En este lapso, la prueba no ha fallado en ningún caso, incluso frente a la comprobación con la prueba de ADN. La sumatoria de los rasgos en estudio aporta un alto grado de fiabilidad en los resultados, lo único que se precisa por parte del perito es su capacidad para identificar los rasgos físicos, privando su examen de toda subjetividad, toda vez que no se trata de establecer una simple semejanza, sino buscar los caracteres físicos heredados por el hijo a partir del presunto padre. Estos rasgos deben proceder del padre y de la madre. Si pueden ser identificados los de la madre, pero no los del padre, la paternidad debe ser excluida. […] En el caso de la posible paternidad de José Martí con María Mantilla, se tenía el inconveniente de ser ambas personas fallecidas. Esto no es obstáculo cuando se cuenta con suficiente material fotográfico del cual se pueden sacar conclusiones fiables. Gran parte lo aportó la doctora Nydia Sarabia […] Gracias a la abundante iconografía existente, […] se alcanzó a establecer comparaciones en un rango de semejanzas del 74,3 por ciento. Se exceptuaron las comparaciones en los casos en que no se disponía del elemento semejante, como lo es la sangre. […] El índice de coincidencia es alto y muy fiable, teniendo en cuenta que María posee también elementos que son heredados de su madre. Hay detalles que superan el simple valor numérico por su peso cualitativo. Llaman la atención algunas identidades: la forma del labio inferior, la comisura palpebral interna, la forma de la oreja, de los ojos, el surco subnasal, la forma de la cara, el ángulo nasal, la orientación de las comisuras labiales, la orientación de las comisuras palpebrales, el eje general del ojo y las cejas, entre otros. […] En la práctica, este tipo de prueba se efectúa con frecuencia por la sala civil del Tribunal Provincial de Matanzas, aprobada y admitida por el Supremo. […] Salvo que se aporte una prueba en contrario que niegue de manera rotunda lo comprobado a través del examen realizado: la paternidad de José Martí con María Mantilla no puede ser excluida".

Carta de Maria Mantilla reafirmando que Marti era su padre

En ese instante mágico en el que el científico se enfrenta con los hechos, saltaron ante su vista las coincidencias de rasgos entre padre e hija: en total, 49 caracteres coincidentes de 66 evaluados para un ¡74,3 por ciento! de compatibilidad.

¿Seguiremos especulando sobre lo que Martí podía o no haber hecho, sobre los episodios que sus principios éticos le permitían o no vivir? ¿O aceptaremos que todo ese debate fue rebasado por evidencias objetivas? ¿Continuaremos pensando que sus amores con Carmita Miyares no fueron más que una infamia del Enemigo? ¿Seguiremos enarbolando la ambigua carta de Martí a Victoria Smith como la "prueba definitiva" de que no tenía relaciones íntimas con Carmita? ¿Seguiremos pretendiendo ser más martianos que Martí?

Aceptar a María como la hija del Maestro alumbraría mejor muchos pasajes de su tragedia personal: Martí viaja (¿se fuga?) de Nueva York a Venezuela, en enero de 1881, dos días después del bautismo de la niña. Allá escribe el cuaderno Ismaelillo, para su Pepito, atormentado por la culpa, y recordarle a su hijo legítimo que no sería destronado... Martí llevaba apuntes sobre las cosas que la pequeña decía o hacía... Y, acerca de Carmita Miyares, confió a su entrañable Fermín: "¡Y cuánto hay que querer a la que dada la situación en que yo me encuentro hace el sacrificio de sufrir con valor los juicios de la sociedad!"... Martí se convierte, tras la muerte de Mantilla, en el hombre de esa casa.

Según su "testamento literario", carta del 1° de abril de 1895, decidió partir su herencia: una mitad para su hijo y la otra para María y su hermana Carmita Mantilla... Cuando cayó en combate, el Delegado llevaba en un bolsillo una foto de María. Y cargaba consigo la única carta hoy conocida de Carmita Miyares para él: "Cuénteme todo, usted sabe que de mí no puede esperar ninguna indiscreción […]. No tema escribir a esta casa, pues mis cartas nadie las ve". Y, al recordar que su hijo mayor, Manolito, acompañaba al Delegado en su periplo por Santo Domingo, no puede contenerse: "Espero que Manuelito lo ha de acompañar; trate de tenerlo siempre a su lado, pues así siento cómo algo de mi cuerpo está junto al de usted".

Si aceptamos los hechos de que María fue su hija, y Carmita su amante, entenderemos mejor la batalla del abogado norteamericano Horatio Rubens para evitar que el New York Herald mencionara la foto de María ocupada al cadáver, y la advertencia de Carmita Miyares a Gonzalo de Quesada y Aróstegui al entregar los manuscritos martianos para su edición: "Ponga mucho cuidado con lo que se publica".

Así como Jesús ordenó a uno de sus seguidores: "Deja que los muertos entierren a sus muertos" (Lucas 9:60), el Apóstol, dos días antes de desembarcar en Cuba, escribió a María una carta en la que la llama "hijita" cuatro veces. Y allí le pide: "Y si no me vuelves a ver, haz como el chiquitín cuando el entierro de Frank Sorzano: pon el libro que te pido sobre la sepultura. O sobre tu pecho, porque ahí estaré enterrado yo si muero donde no lo sepan los hombres".

Dejemos que los muertos entierren a sus propios muertos. Venzamos los cuestionamientos y prejuicios. Y permitamos que José Martí repose para siempre en el pecho de su hija: la mejor tumba que soñó.